
Sé que este plato no va a ser del gusto de todos pero a mí me entusiasma y eso que aún recuerdo como temblabla cuando mi madre lo preparaba en casa. Ahora, mi hermana y yo, cuando pensamos en algo que de verdad nos apetece enseguida recordamos un buen plato de coliflor o de cualquier otra verdura. También sé que si mirais las etiquetas del blog, gana por puntos los platos de carne pero no es culpa mía. Soy una simple cocinera que se aviene a los gustos de los demás por no escuchar: "¿Otra vez verdura?" Como la receta es sencilla, me permito extenderme en la introducción de esta excelente verdura, igual os animo ¿no?.
Las coliflores se encuentran en su mejor momento entre los meses de septiembre y enero, aunque podemos disponer de ellas durante todo el año.
Pueden conservarse congeladas, escaldándolas previamente durante unos minutos en agua hirviendo. Si son tiernas pueden consumirse crudas como ingrediente de una ensalada. Al cocerlas, se aconseja no tapar la cazuela pues su intenso aroma puede llegar a afectar al sabor.
Puede prepararse al vapor, asada, frita, estofada hervida o gratinada. Puede servirse como acompañamiento de otros platos, como legumbres, arroz o formando parte de una menestra de verduras. Es un buen acompañante de algunos pescados, como el bacalao, o incluso puede formar parte de una tortilla.
Sólo con ellas podemos elaborar platos nutritivos y sabrosos, acompañándolas de patatas, huevo duro, un refrito de ajos, un poco de mayonesa o incluso frutos secos.
De la misma familia el bróculi, la col blanca o repollo, la col lombarda, la coliflor, el nabo y el rábano se considera una buena fuente de fibra, así como de vitaminas y minerales, vitamina C, folatos, vitamina B6, potasio y fósforo.
Así contribuyen a la prevención de algunas enfermedades degenerativas y a estimular el sistema inmune por su carácter antioxidante.
La coliflor es una verdura adecuada para dietas de control de peso, por su contenido en fibra resulta saciante y reduce el apetito. Por su carácter diurético, resulta beneficiosa en caso de hipertensión, retención de líquidos, a quienes padecen hiperuricemia y gota y a las personas con tendencia a formas cálculos renales.
Son consideradas como una fuente excelente de antioxidantes naturales (vitamina C y compuestos de azufre). Los bajos niveles de antioxidantes constituyen un factor de riesgo para ciertos tipos de cáncer y de enfermedades degenerativas.
A pesar de que por su composición presenta múltiples efectos beneficiosos para la salud, la coliflor les sienta mal a ciertas personas. La fibra y los compuestos de azufre en su composición son las sustancias responsables de la flatulencia y la dificultad para digerir que experimentan ciertas personas tras comer coliflor.
Recomendada para:
- Diabéticos.
- Para el ácido úrico.
- Reducir el colesterol.
- Para el crecimiento infantil.
- Ayuda a quemar grasas.
- Prevenir la hipertensión.
- Para la creación de anticuerpos.
- Para el funcionamiento hormonal.
- Para el funcionamiento de las tiroides y la glándula pituitaria.
- Para el buen funcionamiento mental.
- Para la artritis y el reuma.
- Es anticancerígena.
Ingredientes:
- Una coliflor, de flores apretadas y de un bonito color blanco.
- Cebolla nueva (cebolleta, de verdeo)
- 2 ó 3 dientes de ajo
- Bacon
- Sal, pimienta y perejil
- Aceite de oliva
- Vinagre de manzana
Elaboración:
Lavamos la coliflor, quitamos las hojas exteriores y vamos separando las flores. Las colocamos en una olla sin tapar con agua (no demasiada) y sal. Hervimos hasta que estén tiernas, casi al dente. Si la hervimos demasiado, resultan indigestas además de perder muchas de sus propiedades. Cuando estén listas, dejamos escurrir y las ponemos en una fuente. El caldo podemos guardarlo para preparar algún caldo de verduras o alguna crema.
Hacemos una vinagreta con el aceite, sal, pimienta, vinagre y la cebolla picada muy menuda. Agitamos bien y lo volcamos sobre la fuente, removiendo con mucho cuidado. Dejamos reposar para que tome el sabor.
Mientras, freímos sin aceite el bacon cortado a cuadraditos pequeños hasta que esté crujiente. Lo colocamos sobre un papel absorbente y lo añadimos a la coliflor.
En un poco de aceite, freimos los ajos picados y lo agregamos al conjunto junto con el perejil picado.
Puede servirse templada o fria.
